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EL COOPERATIVISMO NOS VUELVE CREATIVOS; A LA VEZ QUE CIUDADANOS DE BIEN Y BONDAD

ALGO MÁS QUE PALABRAS

“El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro

modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la

propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos”.

Víctor CORCOBA HERRERO

Confieso que me apasionan las gentes, ya sean jóvenes (la fuerza para ir adelante) o mayores (la memoria

del pueblo, la sabiduría), que fomentan el trabajo conjunto para el bien común. Bravo por ellos, que hemos de ser

todos nosotros. La cuestión es mantener vivo el camino recorrido hasta ahora, pero con la mirada dirigida al futuro.

Pensemos en el porcentaje de muchachos que, en este momento no tienen donde caerse muertos, cuando el trabajo es

un derecho y una obligación, que a todos debe incumbirnos. Por tanto, si el asunto laboral es muy sustancial, ya que

va unido a la decencia y a la dignidad del individuo, el cooperativismo es un modo socioeconómico y un método

realmente solidario, donde la ciudadanía se une de forma voluntaria para satisfacer necesidades comunes.

Desde luego, no existe una mejor prueba del adelanto de una civilización que la del avance del

cooperativismo, con su acción recíproca, en la cual todo se gestiona democráticamente, priorizando el bienestar

colectivo sobre el lucro individual. El camino no puede ser más saludable; es, precisamente, la senda para la igualdad,

no para la homogeneidad, sino para un paralelismo en las diferencias, ya que los mismos beneficios se reparten de

forma equitativa o se reinvierten. Indudablemente, hoy más que nunca tenemos que centrarnos en las personas,

comenzando por generar confianza entre nosotros, fortaleciendo la cohesión social y uniendo a las comunidades en

torno a las insuficiencias y a las aspiraciones compartidas.

Nuestra misión es la de compartir y moverse cercanos. Al fin y al cabo, hay que tener el valor y la

creatividad de construir la senda neutral para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz. Lo importante,

pues, no es el dinero, que lo único que hace es esclavizarnos; sino el afán cooperativista que debe perseguir

finalidades transparentes y claras, a fin de inspirar la economía de la honradez. El espíritu de la cooperación como el

pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser

sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos. Sin duda, hemos de pasar a una

hacienda del don, o sea, a una riqueza capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la solidaridad.

La cobardía es un consentimiento a lo perverso. Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de

guerras, sea el equivalente al de una paz efectiva. Es evidente que hemos de evolucionar hacia lazos de simpatía

humana, de entendimiento con todas las naciones y todas las lenguas. Ahora bien, no hay fidedigna quietud, sino

viene acompañada de equidad; al tiempo que, acompasada por lo auténtico, por lo justo y adherente. Reunirse para

unirse es la primera fuerza cooperativista. Estar conectados y saber convivir es la segunda fuerza de superación y

mejora. Trabajar con decencia y afanarse en extender la cultura del abrazo para la concordia, también es la tercera

fuerza vital, la de convertirnos en promotores de la paz, facilitando el ánimo conciliador, con el brío reconciliador.

Tampoco hay tres pujanzas, sin un espíritu que nos fraternice, reconduciéndonos a no hacer para los demás

lo que no queramos que hagan con nosotros. En este sentido, el movimiento cooperativo, el cooperativismo o la

corriente de cooperativas, es trascendental en un orbe marcado por conflictos, desigualdad, fragmentación social y

una disminución del soplo predispuesto a la colaboración, más allá de las divisiones sociales y económicas, que

convierten la vida en un infierno. En efecto, el mayor tormento existencial es sentirse solo, abandonado y sin fuerzas

para enfrentar cualquier tipo de dificultad y esfuerzo. Sin embargo, caminando y trabajando juntos, advertimos el

gran prodigio de la esperanza: todo parece posible una vez más.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

corcoba@telefonica.net

01 de julio de 2026.-