Exigiendo un mejor sistema
**Lorena llama a una amiga en un “lowrider” para que se una a la marcha
David Bacon para Semanario Punto
Las palabras de Juana resonaban en mi mente mientras salía de la autopista 101 hacia Broadway, la calle que atraviesa Santa María. Ella trabaja recogiendo fresas en el pueblo fresero de Santa María, Oxnard al sur y Salinas al norte, todos valles en la costa central de California, producen el 80% de todas las fresas que se recolectan y venden en Estados Unidos.
Me preguntaba si vería a Juana en la marcha del Primero de Mayo de este año, pero lo dudaba. El Primero de Mayo llega al comienzo de la temporada de cosecha, cuando las familias sienten la pobreza con mayor intensidad, después de meses de invierno sin trabajo. “Tenemos que ahorrar para pagar el alquiler durante el invierno. Si no lo hacemos, no tenemos dónde vivir”, me dijo hace dos años. “Durante esos cinco meses siempre hay facturas que no podemos pagar, como el agua. Para marzo no tenemos dinero y tenemos que pedir préstamos para sobrevivir”. Los préstamos vienen de “amigos” que cobran un 10% de interés. “Además, tengo que enviar dinero a mis padres en México. Hay mucha gente que depende de mí”.
Conduje por Broadway hasta Main, donde se cruzan en el centro de Santa María. Los nombres de estas calles parecen típicos de un pueblo pequeño estadounidense, pero hoy han perdido parte de ese aire provinciano. A lo largo de cada una se encuentran numerosas taquerías que sirven mole, tlayudas y otros platillos del sur de México. Detrás de algunos centros comerciales, botánicas semi escondidos tienen mucho éxito entre los trabajadores agrícolas indígenas mixtecos y triquis.
Las pequeñas tiendas venden hierbas y remedios tradicionales de los que muchos dependen cuando enferman. En parte, la gente los prefiere porque les resultan familiares. Son recomendados por las curanderas y practicantes que han traído la antigua cultura de la medicina indígena de Oaxaca a la costa central de California.
Pero a muchas familias también les gustan porque son más baratos que los medicamentos de farmacia. No requieren ir a un hospital o clínica para obtener una receta. Eso significa que la gente no tiene que introducir sus nombres en un sistema informático al que el ICE podría acceder para buscar personas a las que deportar.
